
(Asesinos de conciencias peligrosos y armados)
Antaño, Crónicas Marcianas y su reportero Cárdenas eran los Callejeros oficiales del frikerío patrio. De aquellas incursiones en lo profundo surgieron personajes como el Mallorquín Putero, Musiquito, las hermanas del Baptisterio, las entrevistas renovadas al caduco Carlos Jesús, la Pantoja de Puerto Rico… a mi juicio todas ellas criaturas con problemas variopintos en la azotea que necesitaban su momento de gloria para exprimir su supuesto talento.
Tras la muerte de Crónicas y la llegada de Callejeros, que hacen algo así como sórdido, adictivo y fascinante periodismo de arrabal, se emiten programas que, copiándose unos a otros, han hecho florecer también cierto monster parade en lo tocante a participantes. Me refiero a Tienes Talento y su hermano cocainómano, Tú sí que vales, cuya gracia consiste en ver cómo Anyel Llása -es decir, Ángel Llácer- trata de pisar las bromas de los pasadísimos y descafeinados Morancos, ídolos de toda una generación de marujas de las del toro de fieltro encima de la tele, mientras Noemí Galera pone caras y se ríe dándole la espalda al concursante de turno.
Sin embargo, tras una época reciente de visionados y refritos de estos dos programas, en especial del hermano yonqui, he comprobado que hay una serie de concursantes que como el ajo de un buen pà amb tomaca, se repiten, como clónicos desperdicios, y que con ahínco tratan de triunfar y llegar a la sumamente cheesy final:
-El viejuno que cuenta chistes inventados: Chistes, por otra parte, basados en anécdotas de origen rural, cuya gracia reside en las cerdadas inmediatas que provocan las carcajadas de las señoras.
-El que hace cosas extrañas con su voz: imita aves, renos en celo y hasta bisontes apareándose si hace falta. Tampoco son infrecuentes los que imitan sonidos que invitan al bostezo, como el goteo de una cañería, un claxon, el pato Donald, etc.
-Los que tocan música con objetos extraños: con cucharas de plástico, vasos, palillos y hasta con carretillas, palas y cubos de la basura. Karajan estaría orgulloso.
-El que se pone pinzas por todo su cuerpo: Dónde reside el éxito de este estúpido talento, yo no lo sé.
-Los que hacen speed painting graffitero: Cuidado, suelen hacer cosas realmente cutres hasta sin el tiempo contando en su contra.
-El gitanillo de siete años: Todo un clásico que, por motivos que no quiero citar, casi siempre llega a la final. Sale con su familia, un cajón flamenco, da tres zapateaos, y se quita el chaleco. Súper interesante. Aunque lo haga tan aburrido y previsible como un deshielo, todos aplauden, le alaban y le hacen pasar.
-El músico de conservatorio tímido y serio que ha estudiado tropecientos años de piano, violoncello o ———- (ponga aquí el instrumento delicado y elegante que vd. prefiera) y que curiosamente viene a desprestigiarse haciendo cola entre un hombre disfrazado de mujer que viene a contar chistes verdes y uno que hace contorsionismo con antorchas.
-Los de las chirigotas disfrazados: pueden ir disfrazados de: futbolistas de la selección, marujas (sus favoritos confesos) o soldados. Sus chirigotas no las entiende ni el más experto lingüista en dialectos españoles tras ocho vasos de Red Bull.
-El grupo de adolescentes cuyo “sueño es bailar, bailar, bailar” vestidas de cantantes de Hip Hop haciendo uno de esos espectáculos de danza tipo aerobic que recuerdan a mis fines de curso en verano cuando iba al colegio.
-El que hace cosas con fuego: No puede faltar. Es como el gin sin el tonic, Amy sin Blake, Kidman sin bótox: son cosas que no se conciben separadas. Y los programas de este tipo sin un hombre con pareja artística que hagan cosas con fuego al más puro estilo hippies contratados para amenizar fiestas de San Juan, no merecen llamarse programa.
-El o la contorsionista de circo: en la línea del anterior; aquí entran también todos esos grupos de expertos en diábolos, cintas, aros y todas esas cosas. Aderezan el acto circense con música al estilo balalaika rusa y todos tan contentos.
-El del monólogo aburrido: Su sueño es participar en Paramount Comedy. Después de esto, no lo logrará.
-La niña grasiosa y con musho arte: Niña explotada televisivamente por los sinvergüenzas de sus padres. No tiene más de cuatro años, va vestida de forma inapropiada y canta y baila mal (¿qué se le puede pedir a una criatura así, por Dios?) despertando así la ternura del público y del jurado femenino.
-La pareja de “adorables” payasos: Tienen un dúo cómico y se creen una mezcla de rabiosa frescura entre Martes y Trece y Tip y Coll, pero no hacen ni puta gracia mucha gracia, los pobres.
-El mago al estilo Copperfield de barrio: Su sueño alcanzable: actuar de telonero de alguien grande en la Galileo Galilei. hace trucos trasnochados pero de relativo éxito. Le ponen música misteriosa para dar enjundia a sus amanerados movimientos: me vale el score de Harry Potter y el O Fortuna Imperatrix Mundi de Orff.
Y por último pero no menos importante…
-La cantaora intérprete: Al estilo del gitanillo del cajón flamenco. Señora con “mucha raza” y mucho “arte” que trata de bordar piezas icónicas de Jurado, Pantoja y compañía al estilo de gala autonómica. Caspa pura y dura.
Por Dios, creo que no me dejo a nadie. Pero siempre estaréis vosotros ahí para decírmelo. ¿Sabéis de más prototipos de participantes de estos concursos? Opinad, opinad…